Que levante la mano el que nunca se enamoró jugando a las escondidas.
Según una amiga italiana, psicóloga ella, La Escondida o Il Escondino, es un acto donde lo que está en juego es nada más y nada menos que la sociabilidad de las personas, la pertenencia. Donde uno, según su momento emocional, dejará o no ser encontrado.
Si bien esto puede, científicamente, tener su sólida base teórica que lo fundamente, contrasta radicalmente con aquel que siempre fuese mi objetivo al participar en dicho juego: enamorarse.
Regla nº 1: intentar por todos los medios no ser el primero en contar, dado que esto dificultaría, en ciertos casos hasta impediría, el cumplimiento del objetivo.
Regla nº 2: Elegir un escondite lo más próximo al de tu enamorada, y, de ser posible, el mismo. Esto es de vital importancia para el desarrollo del juego; a saber:
Regla nº 2, art. 1: En caso de no poder ubicarte en el mismo escondite que la susodicha, debes hacerlo en otro cercano y desde allí, siempre cómplice con ella, hacer las veces de campana ante la peligrosa cercanía del buscador.
Regla nº 2, art. 2: Por el contrario, si encuentras la posibilidad de guarecerte junto a tu amada, debes aprovecharlo al máximo ya que de ser así, tienes el 70 % del objetivo cumplido. En este sentido, cuado te halles a solas con ella debes esperar en inmutable silencio, pero en constante intercambio de sonrisas, que el buscador demore el mayor tiempo posible en encontrarlos.
Regla nº 3: Si el rastreador da finalmente con vuestro escondite debes, disimuladamente y en un gesto de sacrificio para con tu Diosa, salir del mismo dándote por descubierto, y de esta manera, protegerla de los alconizados ojos del enemigo.
Regla nº 3 bis: Si esto no puede llevarse a cabo porque el buscador, no sólo detectó el escondite, sino además, mencionó el nombre de tu protegida, debes esperar que ambos se alejen y rápidamente, cambiar de trinchera. Allí permanecerás hasta que todos y cada un de tus compañeros sean descubiertos.
Regla nº 4: Cuando esto suceda, cuando ya ningún alma tenga posibilidades de salvar el juego, cuando ya tu prometida esté entregada y a total merced de su destino (ya que posiblemente fue ella la primera víctima del buscador, por lo tanto, la próxima en llevar a cabo tan vil tarea), observarás que el villano esté a una prudencial distancia y saldrás intempestivamente de tu madriguera. Cruzarás tu mirada con la de tu enamorada, que, atónita, no comprenderá en que momento modificaste tu guarida; correrás velozmente con media sonrisa dibujada en tu victorioso rostro, apoyarás la mano en el área de la pared previamente denominado “pica” y exclamarás, ya calmo, con tu mejor tono de voz, sabido de tu proeza y contemplando los ojos de tu, sin duda ya, futura esposa: “¡Piedra libre para todos los compas!”.
…
Y si ella no gusta de vos, jugá al golentra con los amigos del barrio.
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1 comentario:
la verdad es que es un gusto volver a leerte primito postizo. ¡Queremos más! Besos de los 3.
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